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viernes, 14 de marzo de 2014

Rv: ORACIÓN AL SANTO MÁS MILAGROSO.....!!!!! Buenisimo



Como siempre, el buen humor mexicano.






Oración a San Pendejo (Enrique Peña Nieto)




Árbol del Sagrado Fruto… Quítale lo bruto.

Viento Santo que impetuoso azota… Llévate contigo a la Gaviota.

Señor del Hierro Candente… Cámbianos al Presidente.

Señora del Santo Alfiler… Enséñalo a leer.

Sagrada Vela Expiatoria… Instrúyele tantita Historia.

Noche Santa del Resucitar… Muéstrale el correcto saludo militar.

Todos los Santos que puedan Interceder… Que a PEMEX no logre Vender.

Agüita Consagrada de Bautizar… que la educación no logre privatizar.

Beatos Ladrones Honestos… Que no consiga subirnos los impuestos

(rezar con fe y esperanza formando cadenas humanas de conciencia y protesta pacífica hasta conseguir el milagro de un País justo con un Presidente menos bruto)





martes, 24 de diciembre de 2013

Rv: Fábula MEXICANA



> > DOS VERSIONES, DE LA MISMA HISTORIA
> >
> > VERSIÓN CLÁSICA-
> >
> > La hormiga trabaja a brazo partido todo el verano bajo
> un calor
> > aplastante.- Construye su casa y se aprovisiona de
> víveres para el
> > invierno.-
> > La cigarra piensa que la hormiga es tonta y se pasa el
> verano riendo,
> > bailando y jugando.-
> > Cuando llega el invierno, la hormiga se refugia en su
> casita donde tiene
> > todo lo que le hace falta hasta la primavera.-
> > La cigarra, tiritando, sin comida y sin cobijo, muere
> de frío.
> >
> > VERSIÓN MEXICANA:
> >
> > La hormiga trabaja a brazo partido todo el verano bajo
> un calor
> > aplastante.Construye su casa y se aprovisiona de
> víveres para el invierno.
> > La cigarra piensa que la hormiga es tonta y se pasa el
> verano riendo,
> > bailando y jugando.
> > Cuando llega el invierno, la hormiga se refugia en su
> casita donde tiene
> > todo lo que le hace falta hasta la primavera.
> > La cigarra, tiritando, organiza una rueda de prensa en
> la que se pregunta
> > por qué la hormiga tiene derecho a vivienda y comida,
> cuando hay otros, con
> > menos suerte que ella, que tienen frío y hambre.
> > La televisión organiza un programa en vivo en el que
> la cigarra sale
> > pasando frío y calamidades, y a la vez muestran
> extractos del video de la
> > hormiga bien calientita en su casa y con la mesa llena
> de comida.
> > Todo el mundo se sorprende de que en un país
> próspero como el suyo dejen
> > sufrir a la pobre cigarra mientras hay otros que viven
> en la abundancia.
> > Las asociaciones contra la pobreza, la APPO, la
> Sección 22 y la Comisión de
> > Derechos Humanos se manifiestan delante de la casa de
> la hormiga y la
> > pintarrajean.Los periodistas organizan una serie de
> artículos en los que
> > cuestionan cómo la hormiga se ha enriquecido a
> espaldas de la cigarra... e
> > instan al público a opinar en sus encuestas
> telefónicas y on line, a través
> > de una mañosa pregunta donde tienen qué escoger si
> son partidarios de la
> > igualdad o de la discriminación. ( Como la
> 'egoísta e insensible hormiga')
> > Respondiendo a las encuestas de opinión, el congreso
> se pronuncia por una
> > Ley sobre la igualdad económica y una Ley
> Anti-discriminación.Los impuestos
> > a la hormiga son elevados notoriamente y por si fuera
> poco, se le asigna
> > una altísima multa porque no se hizo cargo de la
> cigarra, en el invierno.
> > La hormiga decepcionada, empaca y termina por irse a
> otro país, donde su
> > esfuerzo sea reconocido y pueda disfrutar libremente
> de los frutos de su
> > trabajo... donde no se le juzgue ni se le castigue,
> cuando tenga éxito.
> > La antigua casa de la hormiga se convierte en albergue
> social para cigarras
> > que esperan a que alguien llegue a donarles el
> alimento y los recursos para
> > sobrevivir dignamente.
> > Al gobierno se le reprocha no poner los medios
> necesarios. Los partidos
> > proponen una comisión de investigación
> pluripartidista, que costará 100
> > millones de pesos.
> > Entretanto la cigarra muere de una sobredosis de
> holganza, comida y
> > cerveza. Los medios de comunicación comentan el
> fracaso del gobierno para
> > corregir las desigualdades sociales y la injusticia
> económica..La casa
> > termina siendo ocupada por una banda de arañas
> inmigrantes.
> > CUALQUIER SEMEJANZA CON ALGUNA REALIDAD EN NUESTRO
> PAÍS, DESDE LUEGO, ES
> > .......................... la pura y real verdad...
> COMENTARIOS:LO MALO
> >  DE ESTA FABULA A LA MEXICANA ES QUE , MUCHOS
> NI SIQUIERA LA
> > LEERÁN... ESPECIALMENTE LOS POLÍTICOS... Y OTROS, NI
> SIQUIERA LA
> > REFLEXIONARÀN...HABRÁ QUIÉNES SE IDENTIFIQUEN CON
> LA HORMIGA, Y OTROS CON
> > LA CIGARRA.... PERO LO CIERTO ES, QUE HASTA QUE EL
> SISTEMA DEJE DE COBIJAR
> > A CIGARRAS HOLGAZANAS Y A MAÑOSOS MANIFESTANTES, QUE
> SÓLO SE DEDICAN A
> > CRITICAR A LOS QUE HAN LOGRADO LO QUE ELLOS NO, A
> HACER PLANTONES, DECIR LO
> > QUE OTROS 'DEBEN' HACER... Y A HABLAR Y
> HABLAR, PERO NO A TRABAJAR...
> > SEGUIREMOS SIENDO EL PAÍS DE NUNCA CRECER Y NUNCA
> PROGRESAR.AHORA SI QUE SI
> > NO PASAS ESTE CORREO, LA REFLEXION SOBRE ESTA
> SITUACION NO SE DARA Y EN VEZ
> > DE TENER MAS HORMIGAS EN EL PAIS, CRECERA LA PLAGA DE
> CIGARRAS QUE YA
> > TENEMOS.




sábado, 14 de diciembre de 2013

FW: Rv: CURIOSIDADES GRAMATICALES

Vaya que nos hace falta conocer algo de nuestro idioma y en qué forma...Aprendamos algo.               

Curiosidades gramaticales del idioma español 
El vocablo reconocer se lee lo mismo de izquierda a derecha que viceversa.

En el término centrifugados todas las letras son diferentes y ninguna se repite.

En aristocráticos, cada letra aparece dos veces.

En la palabra barrabrava, una letra aparece una sola vezotra aparece dos veces, otra tres veces y la cuarta cuatro veces. 
El vocablo cinco tiene a su vez cinco letras, coincidencia que no se registra en ningún otro número. 
El término corrección tiene dos letras dobles...



Las palabras ecuatorianos y aeronáuticos poseen las mismas letras, pero en diferente orden.

Con 23 letras, se ha establecido que la palabra
electroencefalografista es la más extensa de todas las aprobadas por la Real Academia Española de la Lengua


El término estuve contiene cuatro letras consecutivas por orden alfabético: stuv. 
Con nueve letras, menstrual es el vocablo más largo con solo dos sílabas. 
Mil es el único número que no tiene ni ni e.

La palabra 
pedigüeñería tiene los cuatro firuletes que un término puede tener en nuestro idioma: la virgulilla de la ñ, la diéresis sobre la ü, la tilde del acento y el punto sobre la i.


La palabra euforia tiene las cinco vocales y sólo dos consonantes...

La Palabra Argentino, solo puede ser transformada en ignorante 
Entre los matices que distinguen a la lengua española figuran en un sitio relevante las curiosidades. Pongo de muestra un caso de acentuación. Aquí se trata de una oración en la cual todas sus palabras - nueve en total - llevan tilde. Ahí les va:

«Tomás pidió públicamente perdón, disculpándose después muchísimo más íntimamente».
A lo mejor una construcción forzada, pero no deja de ser interesante. 


La palabra oía tiene tres sílabas en tres letras.


El término arte es masculino en singular y femenino en plural. 


--- 
Regla ortográfica 
En español, el plural en masculino implica ambos géneros. Así que al dirigirse al público NO es necesario ni correcto decir "mexicanos y mexicanas", "compañeros y compañeras", "hermanos y hermanas",
Decir ambos géneros es correcto, SOLO cuando el masculino y el femenino son palabras diferentes, por ejemplo: "mujeres y hombres", "toros y vacas", "damas y caballeros", etc.

En español existen los participios activos como derivados verbales: Como por ejemplo, el participio activo del verbo atacar, es atacante; el de sufrir, es sufriente; el de cantar, es cantante; el de existir, existente; etc.

¿Cuál es el participio activo del verbo ser?: El participio activo del verbo ser, es "ente". El que es, es el ente. Tiene entidad. Por esta razón, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se le agrega la terminación 'ente'.

Por lo tanto, a la persona que preside, se le dice presidente, no presidenta, independientemente de su género.

Se dice capilla ardiente, no ardienta. Se dice estudiante, no estudianta. Se dice adolescente, no adolescenta. Se dice paciente, no pacienta. Se dice comerciante, no comercianta. Se dice cliente, no clienta.

Un mal ejemplo sería: La pacienta era una estudianta adolescenta sufrienta, representanta e integranta independienta de las cantantas y la velaron en la capilla ardienta ahí existenta.
Que mal suena ahora Presidenta, ¿no? Es siempre bueno aprender de qué y cómo estamos hablando.
 
LA CIENCIA ES LA ESTÉTICA DE LA INTELIGENCIA
                                                                   


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jueves, 12 de diciembre de 2013

FW: Rv: Rv: Vale la pena re-enviar este mensaje


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--> Lo decía Porfirio Díaz. Estados Unidos Mexicanos.
Viéndolo fríamente,   así es  y  así fue...muy interesante y con  mucho fondo.
Nunca se nos ocurre pensar que los problemas de los mexicanos pueden ser culpa de los mexicanos, principalmente porque somos enemigos unos de otros. En casi todos los países del mundo, el ataque de un extranjero provoca la unión del pueblo por más dividido que esté. Aquí nos divide más.

Hace cien años decía Porfirio Díaz: "la razón por la que le va mejor a Estados Unidos es que una vez que alguien gana la presidencia, el pueblo y los políticos se le unen para trabajar por la nación. En cambio en México, en cuanto alguien toma el poder, todos, enemigos y antiguos amigos, se ponen en su contra". Eso fue hace cien años y pudo haberlo dicho ayer.

Mexicanos al grito de guerra... pero entre nosotros. Y este es el meollo del asunto, nos atacamos entre todos cuando deberíamos unirnos porque es una costumbre histórica heredada de generación en generación. Cuando México firmó su acta de independencia, el 27 de septiembre de 1821, nuestro primer día como nación libre, comenzaron los golpes. Unos querían un imperio, otros, monarquía.

De ellos, cada quien con un rey distinto. Otros más se decantaban por la república, pero unos la querían federal y otro centralista. Eso nos hizo pelearnos todo el siglo XIX.

Cuando por fin los más importantes paladines de la independencia se pusieron de acuerdo, formaron un congreso que nombró emperador a Iturbide como Agustín I; al día siguiente, aquellos que pelearon a su lado ya peleaban en su contra.
Nuestro primer presidente, Guadalupe Victoria, encontró a su peor enemigo en su vicepresidente, Vicente Guerrero, quien al llegar a la presidencia encontró a su peor enemigo en su vicepresidente, Anastasio Bustamante.
Otros grandes antagonistas fueron Benito Juárez y Valentín Gómez Farías, siempre que fueron fórmula de gobierno.

Y esa tan lamentada invasión gringa en la que perdimos medio territorio, todo mexicano la recuerda, pero casi ninguno conoce los pormenores. Mientras los ejércitos invasores avanzaban por territorio nacional nuestros líderes se peleaban entre sí por el poder. Dos Marianos eran los protagonistas políticos de la época; el presidente Mariano Paredes, al mando del mejor ejército del que México había dispuesto en su historia, en vez de defender a la nación de la invasión lo usó para conservar el poder. El otro Mariano, Salas, estaba en la capital proclamando la monarquía. Los yanquis desfilaban sin mucho disturbio a Palacio Nacional.

Y en la famosa Revolución Mexicana todos nuestros 'héroes' se mataron entre sí. Todos han pasado a la historia como buenos y tienen sus nombres en oro en el Congreso; pero observa esto: El héroe Carranza mató al héroe Zapata, el héroe Obregón mató a los héroes Villa y Carranza y el héroe Plutarco Elías Calles mató al héroe Obregón. Por cierto, que el héroe Calles fue expulsado del país por el héroe Cárdenas.

El proyecto de Guerrero era quitar a Victoria, el proyecto de Bustamante era quitar a Guerrero; el proyecto de Santa Anna era quitar al que estuviera; el de Juárez fue quitar a Santa Anna y el de Díaz quitar a Juárez. Madero tuvo un proyecto: quitar a Díaz; Obregón quitar a Carranza y Calles quitar a Obregón.
El proyecto de Fox era quitar al PRI...El proyecto del ciudadano López es quitar a Calderón.
Y en torno a esto último deberíamos reflexionar, sobre aquellas palabras citadas de Porfirio Díaz: "ya es hora de que dejemos de unirnos para atacar al presidente, ya es hora de que el proyecto de nación deje de ser quitar al que tiene el poder".

Aunque el gringo promedio es mediocre, son potencia mundial porque trabajan en equipo y porque a pesar de todo respetan a sus instituciones y a su presidente, mientras aquí Fernández Noroña trata de salir en la tele golpeándose contra el Estado Mayor.

En este momento decisivo de nuestra historia vemos una vez más a Masiosare (un extraño ¿Enemigo?) enfrentando a todos contra todos. López Obrador está dispuesto a destruir y reventar este país antes de dejar que lo gobierne alguien que no sea él.

Dicen que el pueblo unido jamás será vencido...

¿Cuándo será el día en que México esté unido?

Tal vez ese día si logremos derrotar a ese extraño enemigo.

SI LO QUE ACABAS DE LEER TE HACE REFLEXIONAR, ENVÍASELO A VER SI EMPEZAMOS A CAMBIAR COMO PERSONAS Y LUEGO COMO PAIS.




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miércoles, 27 de noviembre de 2013

FW: Hola, cómo te sientes? Lee y respóndeme, por favor







HERMOSA HISTORIA Y MUY BUENA LECCIÓN.

Cuenta una historia que un señor trabajaba en una planta empacadora de carne en Noruega.

Un día terminando su horario de trabajo, fue a uno de los refrigeradores para inspeccionar algo; se cerró la puerta con el seguro y se quedó atrapado dentro del refrigerador.

Golpeó fuertemente la puerta y empezó a gritar, pero nadie lo escuchaba.

La mayoría de los trabajadores se habían ido a sus casas,
y era casi imposible escucharlo por el grosor que tenía esa puerta.

Llevaba cinco horas en el refrigerador al borde de la muerte.

De repente se abrió la puerta.

El guardia de seguridad entró y lo rescató.

Después de esto, le preguntaron al guardia ¿a qué se debe que se le ocurrió abrir ésa puerta si no es parte de su rutina de trabajo?.

Él explicó:
llevo trabajando en esta empresa 35 años;
cientos de trabajadores entran a la planta cada día,
pero él es el único que me saluda en la mañana y se despide de mí en las tardes.

El resto de los trabajadores me tratan como si fuera invisible.

Hoy me dijo "hola" a la entrada,
pero nunca escuché "hasta mañana".

Yo espero por ese hola, buenos días, y ese chao o hasta mañana cada día.

Sabiendo que todavía no se había despedido de mi,
pensé que debía estar en algún lugar del edificio,
por lo que le busqué y le encontré.
Dios te creó con una sonrisa.
No dejes que nada te la quite.

 

jueves, 14 de noviembre de 2013

FW: SÓLAMENTE RIUS





     En el medio Oriente, los ladrones son amputados
   en Islandia,  los ladrones son imputados
   en  Mejico,    son diputados. 

 

Verdaderamente ingenioso. 

Esta "plantilla" la creó, inventó, propuso un mexicano, el mejor caricaturista político de los últimos tiempos en México, Eduardo del Río, RIUS, en aquella exitosa revista "comic" Los Agachados.
 

MÉTODO PARA HABLAR COMO ENRIQUE PEÑA NIETO

 

 

SISTEMA DE ELABORACIÓN DE LOS DISCURSOS

 

Usted también puede hablar horas y horas sin decir nada, pero pareciendo que es un gran experto.

Lea una cualquiera de las frases de la columna 1, seguida de otra cualquiera de las frases de la columna 2, a continuación otra cualquiera de la columna 3, y otra cualquiera de la columna 4 .  

 

Siga su discurso igual mezclando la 1 + 2 + 3 + 4  sucesivamente hasta la eternidad.  No hace falta que las frases sean de una misma línea.  Cuanto más variaciones hagas, más importante parecerá lo que dice.  Has la prueba. 
 

1

2

3

4

Queridos compañeros

la realización de las premisas del programa

nos obliga a un exhaustivo análisis

de las condiciones financieras y administrativas existentes.

Por otra parte,y dados los condicionamientos actuales

la complejidad de los estudios de los dirigentes

cumple un rol esencial en la formación

de las directivas de desarrollo para el futuro.

Asimismo,

el aumento constante, en cantidad y en extensión, de nuestra actividad

exige la precisión y la determinación

del sistema de participación general.

Sin embargo no hemos de olvidar que

la estructura actual de la organización

ayuda a la preparación y a la realización

de las actitudes de los miembros hacia sus deberes ineludibles.

De igual manera,

el nuevo modelo de actividad de la organización,

garantiza la participación de un grupo importante en la formación

de las nuevas proposiciones.

La práctica de la vida cotidiana prueba que

el desarrollo continuo de distintas formas de actividad

cumple deberes importantes en la determinación

de las direcciones educativas en el sentido del progreso.

No es indispensable argumentar el peso y la significación de estos problemas ya que

nuestra actividad de información y propaganda

facilita la creación

del sistema de formación de cuadros que corresponda a las necesidades.

Las experiencias ricas y diversas muestran que

el reforzamiento y desarrollo20de las estructuras

obstaculiza la apreciación de la importancia

de las condiciones de las actividades apropiadas.

El afán de organización, pero sobre todo

la consulta con los numerosos militantes

ofrece un ensayo in tere sante de verificación

del modelo de desarrollo..

Los superiores principios ideológicos, condicionan que

el inicio de la acción general de formación de las actitudes

implica el proceso de reestructuración y modernización

de las formas de acción.

Incluso, bien pudiéramos atrevernos a sugerir que

un relanzamiento específico de todos los sectores implicados

habrá de significar un auténtico y eficaz punto de partida

de las básicas premisas adoptadas.

Es obvio señalar que

la superación de experiencias periclitadas

permite en todo caso explicitar las razones fundamentales

de toda una casuística de amplio espectro.

Pero pecaríamos de insinceros si soslayásemos que

una aplicación indiscriminada de los factores concluyentes

asegura, en todo caso, un proceso muy sensible de inversión

de los elementos generadores.

Por último, y como definitivo elemento esclarecedor, cabe añadir que

el proceso consensuado de unas y otras aplicaciones concurrentes

deriva de una indirecta incidencia superadora

de toda una serie de criterios ideológicamente sistematizados en un frente común de actuación regeneradora.

 

Difunda este método para descubrir cómo nos engañan los políticos.

En este cuadro faltan las promesas (Proyectos) 

pero eso carece de importancia.

 

 

 

"SÍ ENRIQUE PEÑA PUEDE, CUALQUIER PENDEJO  PUEDE"

 


jueves, 4 de abril de 2013

FW: Dios nos hizo un gran favor. Articulo recomendable, sobre todo el final









Dios nos hizo un gran favor -  --  --  --            Marzo 14, 2013
Un matrimonio de inmigrantes italianos compuesto por Mario Bergoglio, un empleado ferroviario; y Regina, un ama de casa, tuvieron cinco hijos.

Uno de ellos, llamado Jorge Mario, nacido el 17 de diciembre de 1936, se recibió de técnico químico en la escuela secundaria industrial E.N.E.T Nº 27 'Hipólito Yrigoyen'.

A los 21 años de edad se ordenó sacerdote, el 13 de diciembre de 1969, en la Compañía de Jesús donde estudió Humanidades y obtuvo una licenciatura en Filosofía.

El cura Jorge, un jesuita moderado, llegó a ser arzobispo de Buenos Aires, el 28 de febrero de 1998.

Más tarde, el 21 de febrero de 2001, por decisión de Juan Pablo II fue designado primado de la Argentina, vale decir jefe de la Iglesia Católica en el país.

Doce años después, el 13 de marzo de 2013, Jorge Mario Bergoglio, a los 76 años de edad, fue elegido el Papa número 266 de la Iglesia Católica.

El nuevo Sumo Pontífice eligió llamarse 'Francisco' en honor a uno de los santos más célebres de la Iglesia, San Francisco de Asís.

Este santo italiano se caracterizó por su vida religiosa austera y pobre, aunque fue hijo de ricos.

Bergoglio, Su Santidad Francisco, al igual que su santo inspirador, cultivó siempre una vida alejada de los lujos. Viajaba en subte o en colectivo. Habitaba hace años un departamento muy simple en el edificio de la Curia, cercano a la Catedral de Buenos Aires. Él mismo se hacía la comida y sufría o disfrutaba de los encuentros de su equipo favorito, San Lorenzo de Almagro.

Es un férreo luchador contra la pobreza. Quería que lo llamaran padre y no cardenal. Siempre quiso estar alejado del poder político y de todo lo mediático.

El primer pontífice de la historia de la Iglesia Católica que procede de Latinoamérica, elegido en una votación en la que participaron 115 cardenales electores congregados en la Capilla Sixtina es de carácter reservado, sensible pero firme.

Al Papa Francisco le gusta mezclarse con la gente y en su primera alocución hasta se permitió bromear al decir "parece que los cardenales me vinieron a buscar al fin de mundo".

Su designación como nuevo Papa, de 1.200 millones de católicos romanos en todo el mundo, significa para la Argentina una bocanada de valores en un territorio donde estos se hicieron trizas.

Dios seguramente tiene mucho trabajo para ser argentino, pero al escoger a Jorge Bergoglio, como sucesor de Pedro, le acaba de hacer un gran favor, al menos, a buena parte de la sociedad argentina.

A esa sociedad, que atraviesa una crisis importante, le demuestra:

Que la decencia sirve para llegar y muy alto.

Que no es necesario ser corrupto para tener poder.

Que el amor y el diálogo sirven más que el odio y la división entre hermanos.

Que se debe predicar con el ejemplo.

Que no es  honesto ser rico a costa de los pobres.

Que no es necesario usar a los pobres para ganar poder o querer eternizarse en él.

Que no se necesita ser demagogo para ser elegido y seguido de fanáticos por convicción o conveniencia.

Que la vida es una rueda que gira y vuelve a pasar delante de uno en algún momento.

Que aquel que ayer evitaste porque decía verdades que no querías oír, hoy puede acceder a un espacio por el que irremediablemente deberás pasar.

Que la verdad, siempre vence a la mentira.   

Que la honradez hace digna a las personas y con ese privilegio la conciencia goza.

Que el poder es efímero.

Que nadie es imprescindible.

Que 265 Papas han estado antes que Jorge Bergoglio y otros lo seguirán mientras se respeten las instituciones.

Que las leyes de Dios y de las Repúblicas fueron hechas para ser cumplidas.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

LA PRINCESA DEL PORFIRIATO


La princesa del porfiriato

Corrían los años del porfiriato y la hija mayor del señor presidente vivía días de esplendor junto con la alta sociedad de este país, esa que se hacía cada vez más rica, mientras el pueblo se hacía más pobre y don Porfirio más viejo. Amada Díaz había nacido fuera del matrimonio en 1867, su madre, Rafaela Quiñones, la entregó a su padre en 1879 cuando este ya estaba en el poder. Delfina Ortega primera esposa de don Porfirio y después Carmelita Romero Rubio, la cuidaron y aceptaron como hija propia.Estuvo casada desde 1888 con Ignacio de la Torre y Mier, un empresario interesado en casi todo lo que le diera poder, más dinero e influencia a pesar que provenía de una de las familias más acaudaladas y mejor emparentadas del país.
Amadita Díaz y su esposo eran parte de una suerte de realeza que, organizaba suntuosos bailes y los diarios lo reseñaban con gran detalle:

Como había anunciado la prensa el año de 1898 se iniciaba con el suntuosísimo baile tantas veces pospuesto del magnate Ignacio de la torre y de su bella esposa Amada Díaz, en su casa de recreo, casa palaciega de Tacubaya, decorada para esa noche del sábado 1 de enero con lujo y buen gusto acordes a la opulencia y jerarquía social de los anfitriones.*



Casa de recreo en Tacubaya


¿Qué podría preocupar a la princesa del porfiriato? Tal vez nada pero como todas las familias de la realeza guarda oscuros secretos que seguramente se hicieron más pesados después de 1911 cuando la Revolución llevó al exilio a su padre. Con la premisa de los pesares de Amadita fue que Ricardo Orozco (historiador fundador del Centro de Estudios Históricos del Porfiriato), escribió una novelita a modo de álbum que da voz a nuestra princesa y en la que compartimos sus lágrimas y profunda soledad entre recuerdos y crónicas entre 1911 y 1918 con la muerte de su esposo.


Amadita Díaz

Una mujer profundamente creyente, bastante culta, temerosa del qué dirán y un tanto vanidosa, resiente el abandono de su esposo "quien no le cumplía" por sus correrías de alcohol y fiestas "extravagantes" entre ellas el famoso baile llamado entonces, de los 41 maricones, donde se descubrió a varios hombres de la alta sociedad vestidos de mujer en una "dudosa" celebración de la que se sabe Porfirio Díaz tuvo que salvar al participante número 42 nada menos que su yerno, Ignacio de la Torre.

Amada también recuerda a Emiliano Zapata, su caballerango en la casa de Reforma 1 llamada del Caballito como un hombre trabajador y conocedor de los caballos finos a los que ponía especial cuidado, pero no se explica de dónde surgió la amistad con su marido ni de cuándo se conocían, tampoco las razones por las que el caudillo mantuvo preso a Ignacio durante 4 años.



De Nacho como lo llama con más costumbre y resignación que amor, nos cuenta cómo mandó a su mayordomo a alquilar el carro donde llevaron a Madero y Pino Suárez a Lecumberri donde los asesinaron, cómo hizo tratos con Victoriano Huerta y el modo en que pierden todas sus propiedades, las haciendas y la casa del Caballito entre la vorágine caudillista, en un relato de la vida cotidiana durante los días de la Decena Trágica y las ocupaciones de los ejércitos constitucionalistas y Convencionistas donde no se encontraba comida en la ciudad y la moneda cambiaba según la facción al mando, pues el dinero en plata prácticamente había desaparecido, en buena parte a manos de los carrancistas.

Es muy interesante el transcurrir del año 1913 cuando viaja a Europa a visitar a su padre pues nos quedamos con una imagen más humana del General Díaz y sus últimos años entre hoteles, villas y balnearios europeos, su viaje a Egipto, del que Amada sólo recibe ocasionales cartas, cómo su sordera y padecimientos dentales se intensifican hasta que muere en 1915 obsesionado con México y en especial con Oaxaca, dejando a Amadita, la princesa, en una terrible soledad que con la prisión de su marido y los problemas económicos la llevan a una profunda depresión.



La novela como álbum es un acierto fácil de leer y a buen precio pues se consigue por 50 pesos, se extrañan algunas notas del autor sobre los años de Amada hasta su muerte y cómo sobrevivió al desastre económico y personal, una persona que lo tuvo todo pero no fue feliz en realidad, es la impresión que queda. Sin embargo me quedo ganas de leer más sobre la vida cotidiana en la ciudad de México durante la Revolución, así que me pondré a buscar.

El libro se llama El álbum de Amada Díaz, escrito por Ricardo Orozco y publicado por Planeta en 2003.




viernes, 31 de agosto de 2012

Leyenda de la casa de los ruvalcaba



La incestuosa casa de los Ruvalcaba(Sucedió en la hoy calle de Uruguay)

Horrendo en el relato de lo ocurrido en una casona que aún hoy levanta sus viejos muros en la que conocemos por la calle de Uruguay número 92. Se tratan de hechos monstruosos que dieron fama siniestra a la casa de los Ruvalcaba, allá en el primer cuarto del siglo XVII.

Allá por el año de 1628, es decir durante la primea cuarta parte del siglo XVII, piratas holandeses habían desembarcado en el puerto de Acapulco, muchas familias hispanas huyeron a las selvas escondiendo sus tesoros e hijas; si embargo, los piratas al mando del audaz capitán Spilberg se marcharon sin causar daño, tomaron víveres, vinos, frutas e hicieron agua dulce y se marcharon en paz. Por esos mismos días, por el canal de las Bahamas, merodeaba otro pirata sanguinario llamado Pedro Hein, este andaba en pos de naves españolas y portuguesas para arrebatarles sus tesoros; el pirata llevaba diestros artilleros y pesados cañones en ambas bandas así, el 19 de septiembre los piratas se apoderaron de una nave española que llevaba doce millones de pesos fuertes.

Por ese tiempo era virrey en Nueva España don Rodrigo Pacheco y Osorio, Marqués de Cerralvo, y todos los habitantes estaban preocupados por la presencia y hazañas de los piratas. En aquellos días vivía en la calle que se llamó de Ortega, de Tiburcio, San Agustín, de don Juan Manuel, Balvanera, San Román, Puerta Falsa de la Merced, Santiaguito y que hoy conocemos por Uruguay, un riquísimo anciano llamado don Servando de Sáenz y Ruvalcaba, quien era dueño de dos minas de oro y una de plata, cuyas vetas producían más cada día, y cuanto más tenía más avaro se hacía y su sed de atesoramiento también, evitaba el pago de diezmos y eludía llevar su metal a la Casa del Apartado. El anciano era viudo y tenía dos hijos: Manuel de 26 años y Paz de 19, pero a pesar de su abundante riqueza no les compraba nada de ropa, la poca que tenían eran casi harapos, apenas les daba de comer y no tenían criados.

Don Servando, teniendo conocimiento de los piratas que acechaban los océanos y el solo hecho de pensar en que su fortuna fuera robada, se dio a la tarea de una intensa actividad; preparó una mezcla y había comprado varios cientos de ladrillos de barro cocido, piedra y tezontle, llevó argamasa, materiales y herramientas hasta el interior de su recámara y pese a su avanzada edad y a su escaso conocimiento de albañilería, comenzó a levantar un muro.

Varias semanas después, una carreta entraba a la capital de Nueva España, al peso de la madrugada nadie osaba curiosear; el vehículo de tracción animal se detuvo ante la casa de don Servando y el caballero llamó a la puerta dando tres golpes como señal; el anciano salió a indagar quien llamaba, después con gran sigilo empezaron a descargar la preciada carga de la carreta, que eran nada menos que lingotes de oro y plata, que iba anotando meticulosamente en una libreta. Después de algunas horas de trabajo lograron descargar todos los lingotes del carromato y al poco tiempo fueron obligados a salir de la casa.

Casi al alba, don Servando había logrado meter a su recámara todos los lingotes del metal recibidos la noche anterior y después abría un cuarto secreto, el mismo que construyera en el fondo de su alcoba y en una tercera maniobra los guardaba en un cuarto secreto junto con el resto de lo que ya tenía. Concluido su trabajo, se retiró a dormir vigilando su valioso tesoro.

Al medio día llegó Pelayo, que era su administrador para recibir órdenes de trabajo; después de haber terminado sus labores, por órdenes de su patrón le comentó que muchos mancebos deseaban pedirle en matrimonio a su hija, al escucha tal cosa, el anciano se levantó furioso, como si lo hubieran movido al impulso de un resorte alegando que jamás daría en matrimonio a su hija. Esa noche don Servando tuvo horribles sueños de que sanguinarios piratas lo atacaban para despojarlo de su incalculable tesoro y que uno de esos feroces piratas se robaba a su hija Paz; el anciano despertó de tan tremendo sueño gritando desesperado y tardó tiempo para volver a la realidad y comprobar que todo había sido un mal sueño. El resto de la noche ya no pudo dormir pensando en su hija, en su tesoro y en todo; ya para el amanecer su mente enferma había ideado un plan incestuoso y perverso, en cuanto se levantó mando llamar a sus dos hijos y dijo que para que un aventurero no se hiciera de su fortuna debían casarse entre ambos. Los hermanos quedaron mudos unos momentos, estupefactos, incrédulos ante aquella orden y esta vez Paz rompió el silencio diciendo que eso que planeaba era horrible, después la secundó su hermano tachando de monstruoso ese casamiento.

Don Servando al ver que los muchachos se negaban les dio tres días para "recapacitar", mientras se cumplía el plazo a cada uno los encerró en su alcoba teniéndolos a pan y agua; si pasado ese tiempo se seguían negando los dejaría morir de hambre.

Estaban por completarse los tres días de castigo a pan y agua de los muchachos, cuando recibió la visita urgente de don Pelayo , su administrador para darle la terrible noticia de que una de las minas se había derrumbado debido a las torrenciales lluvias y amenazaba con inundarse; muchos hombres habían muerto (claro, eso no le importaba a don Servando). Una hora después el viejo cerraba precipitadamente su casa con las más fuertes cerraduras y cadenas que había y sin preocuparle nada más que su querida mina ordenó a su administrador partir en el acto.

El anciano se dedicó en cuerpo y alma a la titánica tarea de despejar la mina de derrumbes y cadáveres sin importarle la lluvia dirigía los trabajos de desagüe del mineral, el cuál duró varios días con la consecuencia de que don Servando cayera gravemente enfermo y ante la imposibilidad de trasladarlo a la capital don Pelayo lo atendió en su casa.

Tres meses después ya aliviado completamente, el anciano regresó a la capital y lo primero que hizo fue corroborar que las cerraduras estuvieran intactas, después fue al cuarto secreto donde guardaba sus lingotes de oro y plata y por último fue a abrir la puerta de cada cuarto de sus hijos; encontró a ambos muertos, descarnados, en una posición de angustia sobre el suelo, los pobres desdichados habían muerto de sed y hambre y las larvas se los habían comido, quedando solo horripilantes despojos y evidencia de una terrible agonía. El cruel avaro, lejos de condolerse por la muerte de sus hijos estalló en risotadas pues así ya no iba a tener que gastar en ellos un centavo; nada había más importante para el viejo que su tesoro, casi perdiendo el juicio colocó los esqueletos de sus hijos a la mesa y fingía hablar con ellos, convivir. Don Servando era tan miserable que cocía un caldo a base de hueso de jamón que le duraba ¡meses! y lo acompañaba con vino.

Una de las minas aumentaba su producción, así del mismo modo la codicia del anciano y su locura; una noche en vez de recibir ochenta quintales recibió la nada despreciable cantidad de doscientos once, mucho más oro que nunca la pila del preciado metal iba en aumento.

Un día de pronto la casa quedó en silencio, pasaron los meses y don Pelayo temiendo una desgracia fue a buscar la ayuda de la justicia; llegaron al lugar llamando a la puerta sin obtener respuesta, entonces todos entraron respirando una aire tétrico a humedad y abandono y de pronto los soldados hicieron el macabro descubrimiento de los muchachos muertos sentados a la mesa. A los despojos se les dio sepultura, pero de don Servando nunca se supo nada, pasaron los años y la casa se convirtió en ruinas.

En la segunda mitad del siglo XVII se funda el mayorazgo de los Cortina y esta familia compra la casona; en 1725 doña María Ana de Gómez de la Cortina hereda el condado de su apellido y casa con primo Vicente y aunque son dueños de inmensa fortuna y el mayorazgo, un golpe de suerte los hace todavía todavía más ricos, pues al derribar la puerta secreta hallan la fabulosa fortuna y el esqueleto de don Servando, que murió sepultado por su querido oro.

Esto es lo que sucedió en esta casa, que hoy podemos ver con el número 92 de las calles de Uruguay y hasta la fecha se le conoce como Palacio de los Condes de la Cortina y de la macabra leyenda no queda sino el terror y un amargo recuerdo.




jueves, 30 de agosto de 2012

TRADICIONES Y LEYENDAS DE LA COLONIA



El callejón del colgado


En la actual calle de Venustiano Carranza, antes llamada "de la cadena" tuvo lugar un
suceso que originó la presencia de un espectro, y con él, esta leyenda.

Nos encontramos en los años finales del siglo XVI. Los vecinos de la Nueva
España, integrados por indios, mestizos, españoles, y frailes peninsulares en su
mayoría, vivían en permanente temor debido a la gran cantidad de crímenes que
ocurrían a diario, al parecer ejecutados por el mismo sujeto.

Por las noches, en cualquier momento, se escuchaban fuertes alaridos en la calle,
que el asesino profería mientras escapaba. La población sabía que se acababa de
cometer un crimen y entonces, ponían seguro a las puertas y ventanas de sus casas con
fuertes trancas.

Algunas personas lo llegaron a ver. Corriendo, gritando, y aún empuñando la
daga, el ser terrible parecía volar entre las calles empedradas. Todos los que lo vieron
o escucharon, creyeron que era el demonio.

Así, el fraile Zanabria, que en una de esas noches, en compañía de un mestizo,
regresaba de dar una confesión. De lejos lo vieron y en seguida, escucharon una voz
desesperada:
¡La ronda! ¡Venid! ¡Alguaciles! ¡Dios mío, venid!
Temerosos, se acercaron al lugar de donde provenía el llamado y allí encontraron
a un hombre, inclinado sobre otro que yacía en el suelo, cubierto de sangre.
—¡Dios mío! ¿Qué sucede?
—¡Mi hermano se muere, padre! ¡Ha sido acuchillado por ese demonio!
¡Confesadle, por Dios!
Fray Zanabria se inclinó hacia el herido, le tomó la cabeza entre sus manos, mas
se dio cuenta de que agonizaba.
—Lo siento, caballero, sólo puedo darle la extremaunción.
—¡No es posible, padre! ¿Acaso va a morir?
—Callad y dejadme hacer.
El fraile Zanabria, con la cruz y el rosario en mano, procedió al sacramento;
luego, cerró los ojos del muerto y lo cubrió con su túnica. La ronda pasó en esos
momentos, se acercó al grupo. El hermano del difunto se adelantó:
—¡Mirad! ¡Mi hermano Don Jimeno ha sido víctima de ese demonio!
—¡Ira de Dios! ¡Otro muerto acuchillado sin piedad! ¿qué mano perversa es
capaz de tal infamia?
—Lo vimos, señor capitán. ¡Creo que es el mismo diablo!
—Perdonad, padre, pero para mí que es obra de un malvado.
—¡Hombre o demonio sois la justicia! ¡Detenedle!
—Qué más quisiera, pero bien sabéis que ése, tan luego ataca dentro de la ciudad
como fuera de la traza.
En efecto, el criminal daba muerte a sus víctimas en cualquier rumbo de la
capital, sin que fijase un patrón del tipo de personas; lo mismo perecerían hombres que
mujeres, pobres y ricos. Lo único común era la puñalada, honda y certera que asestaba
en el pecho, de manera que el atacado moría casi al instante.
Despoblada prácticamente la ciudad en ese entonces, no siempre se escuchaban
los alaridos del asesino, ni los ayes del moribundo. Sólo se encontraban los cadáveres,
frescos aún, o en los inicios de la descomposición. Cuando esto ocurría, los pobladores
daban por atribuir el crimen al "demonio", pues la soledad de los parajes nocturnos
propiciaba la fantasía. Otros, más incrédulos, lo negaban.

Así, cuando se encontró el cadáver de Don Pedro de Villegas en las afueras de la
ciudad, y se observó que el tipo de herida era más fino, producto de una espada u otra
arma, y también, que había varias heridas en su pecho, y no una, como se sabía,
acostumbraba dar el demonio, un conocido del difunto señaló su sospecha: con
seguridad el crimen había sido ejecutado por el esposo de la mujer con quien don
Pedro tenía amoríos prohibidos. Otro hombre, aunque aceptó el argumento, juró haber
escuchado en ese lugar los alaridos usuales del asesino. La justicia, por su parte, sólo
cumplió con las diligencias de rutina que el caso requería, sin que hiciera ninguna
investigación posterior.

Pero los crímenes continuaron, por lo que el virrey, Don Luis de Velasco II,
reunió a las autoridades civiles y eclesiásticas de la Nueva España, para darles a
conocer su mandato, mismo que decía:
"Yo, el Virrey Don Luis de Velasco II, ordeno, en relación a los crímenes que
agostan a la Nueva España, que si se trata de un ser demoníaco, se haga cargo del
asunto el Santo Oficio; y si es de este mundo, la justicia, a fin de aplicarle al criminal
el más horrible y cruel de los castigos. De modo pues, que para un mismo fin, la
justicia de Dios y del Virrey, trabajarán por separado".
Durante varias noches, se pudo ver a los religiosos recorrer las calles, con las
cruces y utensilios necesarios para el exorcismo; mientras tanto, el capitán y sus
lanceros hacían lo propio. Pero en todas las ocasiones en que el asesino atacaba, los
soldados y los religiosos llegaron tarde; ya la víctima yacía moribunda, y el
responsable había escapado.

Ciertamente oyeron sus alaridos, pero se confundían sobre el lugar de
procedencia de éstos. Los religiosos también lo vieron correr, y aunque hicieron el
esfuerzo de perseguirle, pronto desapareció de su vista.
El asesino se escabullía con presteza, parecía ser hombre y demonio a la vez; un
demonio que tenía, a decir de un fraile, un pie de cabra y el otro de gallo, o que era una
bruja, como señalaba uno de los oidores que formaba parte de la comitiva. Cansados y
temerosos, los frailes oraban en la plenitud del sereno nocturno, para alejar el
maleficio que asolaba a la ciudad virreinal.

Después de un tiempo la persecución cesó. Aun cuando el sentir general era
aprensivo, las actividades de los pobladores se realizaban de manera acostumbrada;
entre ellos el oidor mayor, Don Álvaro de Peredo y Zúñiga, que laboraba como
siempre en su casa, en la calle de la cadena.
Una mañana, el sirviente del oidor entró en su despacho para comunicarle,
sumamente nervioso:
—Perdonad, señor amo, pero un hombre pregunta por vos.
—Decidle que me vea en la Audiencia.
—Le dije tal, señor, más insiste. Dice que es asunto secretísimo, relativo al
demonio criminal.
—¿Qué? ¡Hacedle pasar y dejadme a solas con él!
El oidor lo esperó de pie; entró un hombre de aspecto modesto que se presentó:
—Buenos días, vuestra señoría. Soy Lizardo de Ontuñano, natural de San Lucas,
tahonero de oficio. Me atrevo a molestaros porque...
—¿Decís que conocéis la identidad del asesino, del diabólico ser?
—Así es, señor oidor mayor. Le he seguido varias noches, y le he visto atacar a
sus indefensas víctimas.
—¿Y después...? ¡Continuad!
—Le he seguido y le he visto entrar a su casa.
El oidor mayor se puso de pie, resuelto:
—¡No perdamos tiempo! ¡Vayamos a la Audiencia! Ahí se os dará fuerte
recompensa por revelar la identidad del criminal.
El oidor se hallaba alborozado, en su mente pronto se formó la idea sobre las
ventajas que obtendría por intervenir en asunto tan álgido. Pero el hombre se quedó
callado, sin moverse, a lo que el oidor le demandó:
—¿Pero qué os pasa? ¿Por qué os detenéis?
—Perdonad, señor oidor, pero no busco recompensa por revelar el nombre del
criminal, sino por callarlo.
—¿Qué decís? ¡No os entiendo! ¿Pagar porque calléis? ¡Si lo que precisamos es
saber el nombre del asesino!
Con la cabeza baja, que escondía sus torvos ojos, el hombre le dijo:
—Señor oidor... Es que el asesino es vuestro hermanastro, don Gaspar de
Aceves.
—¡No es posible! Mi hermano está enfermo, ¡Pero criminal no es!
—Averiguadlo, vuestra señoría.
El oidor dejó al hombre en el despacho. Caminó hasta la habitación de su
hermanastro, abrió la puerta, y grande fue su estupor cuando revisó el lecho de éste:
encima de las mantas sucias y revueltas, se hallaba una capa, cuyo embozo tenía
manchas de sangre, y sobre éste yacía un puñal, con el filo cubierto por abundante
sangre reseca.
—¡Es la sangre de sus víctimas! ¡Dios mío!
Cuando regresó donde lo esperaba Lizardo, el oidor iba anonadado. Todavía
dudó por un momento, le costaba creerlo, pero ahí estaban las pruebas; además, sabía
que su hermano no estaba bien de sus facultades mentales. El tahonero esperó un
momento a que se repusiera, entonces le dijo:
—¿Os habéis convencido, verdad? Fije vuestra merced la cantidad de oros que ha
de darme, que yo me daré por bien pagado.
—Idos ahora, señor... Lizardo. Ya os avisaré mañana.
El oidor abandonó su trabajo ese día, torturado por el descubrimiento, por el
conflicto entre su deber y sus sentimientos. Tomada su decisión, al día siguiente
entregó una cantidad a Lizardo de Ontuñano, quien le aseguró su silencio. Por otra
parte, encerró a su hermano.

Sin embargo, el hombre no se conformó, a la primera extorsión continuaron
otras. El oidor mayor había desmejorado. Le pesaban los alcances de la enfermedad de
su hermano, y empezaba a irritarle cada vez más la presencia del extorsionador.
Al fin, una mañana, mandó detenerle; lo culpaba de ser el autor de los crímenes
en serie. Lizardo de Ontuñano, dicen los documentos del Santo Oficio, proclamó su
inocencia, pero fue en vano.

El juicio se acercaba. Él sabía que podía ser condenado, consciente de la
influencia del oidor y de la arbitrariedad de la Inquisición, conocida por todos los
habitantes. Pidió hablar con el oidor mayor, pero al tiempo que lo comunicó al
carcelero, detrás apareció el oidor para interrogarlo.
En la celda, Lizardo quiso chantajear al funcionario, con la amenaza de delatar a
su hermano si sostenía su acusación, pero el oidor no cedió. Entonces, tomaron un
acuerdo: el oidor le propuso que declarara conocer al asesino, haberlo visto, pero no
saber su nombre ni el lugar de su morada. A cambio de ello, juró dejarlo ir. Por su
parte, Lizardo juró guardar el secreto.
Se llevó a cabo el juicio, con el oidor mayor al frente del jurado. Éste le
preguntó:
—¿Confesáis que habéis visto morir a las víctimas, correr la sangre, y saber su
identidad?
—Sí, confieso.
El oidor se levantó de su asiento para señalarlo:
—Miembros de este Santo Tribunal ¡No hay duda alguna! ¡Aquí tenéis al
diabólico asesino! ¡Sometedle a tortura, en tanto se decide la forma de matarle!
El verdugo lo tomó por los hombros, violento lo condujo a la cámara de castigos.
Ahí, fue sometido al suplicio del potro. Un verdugo daba vueltas a unas barras,
colocadas en el extremo derecho del cilindro de madera, que a la cabecera del hombre,
y envuelto en cuerdas, jalaba de sus brazos sujetados. Mientras tanto, un fraile lo
interrogó sobre las razones de sus asesinatos; Lizardo negó todo. Y antes de la fractura
de sus miembros, dijo:
—¡Soltadme! ¡El criminal es el hermano del oidor mayor, Don Gaspar de
Aceves!
Pronto, el fraile acudió con el oidor mayor para comunicarle lo dicho por el reo.
Éste no dio importancia al hecho, adujo una venganza en su contra, y ordenó mayor
tortura hasta lograr su muerte, preocupado en el fondo de que siguiera hablando. Pero
al fraile se le ocurrió una siniestra idea: castigarle por sus crímenes y por difamación al
oidor. Intrigado, éste quiso saber de qué manera se haría tal castigo, a lo que el fraile
respondió:
—Vivís en la calle de la cadena. ¡Que sea colgado de la cadena superior que está
frente a vuestra casa!
El día de la ejecución, la gente se agolpaba en las aceras, furiosa arremetía en
contra del reo, que en esos momentos pasaba, en medio de la procesión de guardias y
religiosos.
Una vez que llegaron al lugar, la sentencia fue leída por el pregonero. Colgaron
la cadena a su cuello y entonces, el fraile se acercó al hombre, ya aniquilado por las
torturas. En tono piadoso le expresó:
—Confesad vuestros crímenes para que vuestra alma pueda llegar al cielo.
—Sois sacerdote. Decidle a ese Dios que invocáis, que me permita volver a este
mundo a demostrar mi inocencia.
—¡No puedo pedir tal cosa!
—Lo haré yo, si llego a vislumbrar el cielo. ¡Y os juro por Dios, que vos también
sabréis de mi inocencia!
A lo lejos, ya aletargado, escuchó la orden de su muerte.
Su cuerpo quedó pendido de una de las cadenas superiores de la casa frontal a la
del oidor mayor, donde quedó tres días, expuesto al morbo público. Al cuarto día, el
cadáver fue bajado.

Por su parte, el oidor Don Álvaro de Peredo, mandó poner gruesas rejas en la
habitación de su medio hermano, en el mismo día de la ejecución. Quería asegurarse
de evitar sus crímenes, pero a la vez, también era una forma de castigo hacia el
verdadero criminal, porque el remordimiento lo atormentaba.
Esa noche, en que la pestilencia del cadáver todavía impregnaba la calle, un
impulso irracional lo hizo salir. Adelantó unos pasos hacia la casa de enfrente, y al
elevar la cabeza, vio, entre la luz de la luna llena, la sombra del ahorcado.
Pensó que era una alucinación, una visión de su conciencia, pero de día y de
noche, durante semanas y meses, la silueta siguió apareciendo en el mismo lugar. Ya
no quería salir de su casa, pero algo lo impulsaba siempre; entonces, evitaba mirar
hacia la cadena, mas una fuerza ultraterrena lo hacía volver la cabeza, elevar la vista.
Poco tiempo después, encerrado en su alcoba, ya enfermo, sintió la misma fuerza
magnética que provenía de los muros de su habitación: en ellos se dibujó la sombra.
El oidor, atado por el miedo, empezó a rezar, pero la silueta seguía ahí. Entonces
cobró valor:
—¡Marchaos de aquí, sombra ominosa! ¡Comprended, tenía que salvarlo!
Transcurrieron siete meses del suceso. Los crímenes cesaron, y la confianza
volvió entre los habitantes de la capital. Pero una noche, se escuchó el temible alarido
y con él, el descubrimiento de una nueva víctima. El oidor tuvo la seguridad de que su
hermano no era el autor, pues encerrado estaba, y se hallaba dormido la noche del
asesinato.

Dos días después, un hombre que caminaba por la calle, ya avanzada la noche,
fue atajado por la siniestra figura, que al instante levantó el brazo, con puñal en mano,
dispuesto a matarle. Pero entonces, el asesino sintió una presencia atrás, y se detuvo.
Al volver el rostro, se topó con un espectro, un esqueleto que lo levantó, con enorme
fuerza, y sin darle tiempo a nada, rodeó su garganta, y apretó, hasta verlo morir.

El hombre que se había salvado del asesino, se alejó del lugar, tembloroso ante la
visión de lo ocurrido. Horas más tarde, casi al alba, la ronda de alabarderos descubrió
el cuadro: en el suelo yacía un cadáver, y junto a él, un esqueleto le rodeaba el cuello
con sus manos descarnadas.
Uno de ellos identificó al cadáver como el hermano del oidor mayor, pero no se
supo explicar la presencia del esqueleto, y su identidad; sólo se notó la cadena que
colgaba de su cuello sin piel.
Se llamó al Santo Oficio, quien exorcizó el lugar. Mientras tanto, las autoridades
trataban de explicarse el hecho insólito. Al parecer, el esqueleto asesinó a Don Gaspar
Aceves, pero esto no tenía sentido.
Al fin, tuvieron la respuesta. Un hombre, que venía apoyado en su esposa, llamó
a las puertas de las autoridades religiosas para dar su testimonio sobre el atentado
sufrido la noche anterior, y sobre el espectro que lo salvó.
Una vez interrogado, quedó claro que el asesino era el hermanastro del oidor. En
cuanto al esqueleto, el testigo dijo haber escuchado, acaso como parte de su
alucinación, que éste dijo a Don Gaspar cuando lo estrangulaba: "¿No me conocéis?
¡Soy Lizardo de Ontuñano, que viene a demostrar su inocencia!"
Los ahí presentes disimularon su risa, pero el fraile, confesor de Lizardo a la hora
de su muerte, contestó muy serio:
—Es verdad lo que dice este hombre. Se trata del mismo cristiano a quien dimo
muerte, acusado por el oidor mayor. No cabe duda, yo mismo vi la cadena en su cuello
al hacer el exorcismo, pero no creí.
Uno de los oidores comunicó:
—Pediré instrucciones al virrey; entre tanto, detendremos al oidor mayor.
El fraile contestó:
—Demasiado tarde, vuestra Señoría. El oidor mayor se ahorcó.
Al día siguiente, el esqueleto fue enterrado en el cementerio.
Por mucho tiempo, la calle de la cadena fue denominada como "calle del
colgado", quizá debido a la ejecución de Lizardo de Ontuñano, o al suicidio del oidor
mayor.
La leyenda empezó con la muerte de ambos, pero por mucho tiempo, aseguran
las personas que la vieron, se mecía la sombra del ahorcado bajo las cadenas que se
extendían de un extremo al otro del muro.